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Image from the Movie La La Land

El cine, como el teatro o incluso nuestras series de Netflix, representa para muchos de nosotros una escapada para adentrarnos en mundos distintos, donde elementos como la trama, personajes, fotografía, música y demás nos mantienen enganchados a esas horas de entretenimiento. Nos lleva a lugares imaginarios donde todos experimentamos esa sensación especial de placer, momento en que nos blindamos de la distracción y nos adentramos en un contenido que sin conocerlo se adueña de nuestro equilibrado uso de neurotransmisores cerebrales, aquellos que nos mantienen en un estado receptivo, que puede extenderse a muchas horas según el grado de vinculación que mantenemos con el contenido.

Pero, entendiendo que los contenidos de entretenimiento se adueñan de toda nuestra curiosidad, sabemos que detrás de toda elección de qué película o serie ver, detrás de cada motivador “racional”, existe un motivador “elemental” o “emocional” que escapa de lo descriptible en lo deductivo, algo que nos inspira y que nos acerca a un mundo, abstracto quizás, pero real mientras lo disfrutamos. Esto se torna más interesante para las marcas al descubrir qué devela la mente de las audiencias durante el proceso de selección de contenido de entretenimiento y durante su completo uso. Muchas marcas exitosas recogen esta sensibilidad del consumidor para acercar su mensaje publicitario y lograr niveles de visualización y recordación memorable.

A nivel local, por ejemplo, encontramos oportunidades para la creación de contenido publicitario según una segmentación generacional simple. Así, existe un potencial importante en generación de contenido con acentos de “gore” o “terror” para las generaciones centennial y millennial (Ver gráfico. Kantar Ibope) Esto puede sostenerse dado que las generaciones más jóvenes se ven atraídas por géneros que le permitan continuar con esa adrenalina, suspenso, muchas veces de carácter irónico o distinto; sensaciones que están presentes en su estilo de vida, donde generalmente se encuentran con mucha presión social. En este contexto, por ejemplo, una marca como Converse o Vans podrían integrar su comunicación hacia el segmento centennials con contenido publicitario que exponga sensaciones que lo vinculen emocionalmente con suspenso, adrenalina o ironía; siempre validando que todo lo propuesto desde el punto de vista publicitario se asocie con la identidad de marca.

Reconocemos entonces que el estado receptivo en que nos encontramos al momento de buscar y/o disfrutar de un contenido de entretenimiento como el cine o teatro, sería el aliado ideal para acercar una marca al éxito publicitario. El reto para la publicidad ahora es recrear este “estado zen” para transmitir mensajes con éxito. Esto puede partir de un análisis simple y concreto como las preferencias de entretenimiento en cine para luego entender más sobre el proceso de compra, indagar en qué factores elementales existen en la realidad de las audiencias y empezar a plasmar ideas creativas en contenido acorde a esta sensibilidad, con códigos de comunicación más finos y de esta manera conquistar los corazones de las audiencias y acercarnos más a la conversión.

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